Rolando Garbey: Golpes de gloria cubana

Ha muerto en La Habana a los 76 años una leyenda. Doble medallista olímpico, campeón mundial y tricampeón panamericano, Garbey figura entre los pugilistas que pusieron los pilares de la mundialmente reconocida escuela cubana de boxeo.

Rolando Garbey: Golpes de gloria cubana
Rolando Garbey (izq.), derroche de técnica sobre el ring. Foto: X-Jit Deporte Cubano.

Por Alberto Águila

Ha muerto Rolando Garbey Garbey, que es decir se ha ido una leyenda del boxeo. Falleció a los 76 años en un hospital de La Habana, víctima de dos paros cardíacos consecutivos tras salir de una intervención quirúrgica.

Hacía tiempo que no sabía del exboxeador y entrenador, quien calificó en sus días en el ring entre los púgiles amateur más técnicos que ha tenido el boxeo cubano en toda su historia. En buen boxeo, Garbey fue de los que más golpeó y menos recibió en una carrera de 325 combates, en la que solo recibió un KO y dos conteos de protección, lo que da cuenta de su clase y destreza técnica.

Cuando se habla de Garbey se está evocando la gloria. Doble medallista olímpico, campeón mundial y tricampeón panamericano. Fue él, junto a otros boxeadores de la época, quienes pusieron los pilares de la mundialmente reconocida escuela cubana de boxeo, que consolidó un provechoso pasadizo de medallas olímpicos, mundiales y regionales desde los años 70.

Rolando Garbey (1947-2023), gloria del deporte cubano. Foto: Facebook/Inder Cuba.

Nacido el 19 de noviembre de 1947 en el barrio de Los Olmos, en Santiago de Cuba, Garbey tuvo una carrera internacional intensa y meteórica en tan solo ocho años. Es sorprendente valorar lo que logró entre su primer gran triunfo dorado en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, en 1967, y la medalla final que marcaría su retiro tras la Olimpiada de Montreal’76.

Cuando arrasó en el torneo panamericano de Winnipeg a paso de KO, con 19 años, el colectivo técnico de la selección nacional, que por entonces encabezaba el preparador soviético Andrei Chervonenko junto al profesor Alcides Sagarra, tuvo ante si la difícil decisión de designar el contendiente en los 71 kgs para la venidera Olimpiada de México en 1968.

Había otros candidatos experimentados pero la demostración previa de Garbey y el ritmo en los entrenamiento inclinaron la balanza a su favor. Y el veinteañero no solo no los defraudraría sino que se incribiría en la historia como el primer boxeador cubano en garantizar una medalla un certamen olímpico. 

Garbey y Enrique Regüeiferos fueron medallistas de plata en la Olimpíada de México-68, y se convirtieron así en los únicos ganadores de medallas cubanas en ese torneo. Garbey perdió el oro en los 71 kgs frente al favorito soviético Boris Lagutin, que ya tenía oro cuatro años antes en la Olimpiada de Tokio-64, pero el cubano brindó un gran combate. Sabía pegar muchos ganchos y swings al cuerpo de sus rivales y mantenerlos a distancia con un preciso jab de izquierda. En cuanto a Regüeiferos discutió el metal dorado de los 63.5 kgs con Yerzy Kulej, un polaco de gran calidad en los 63.5 kilogramos.

Esa medalla fue para Garbey su presentación en siguientes actuaciones, en las que obtuvo desempeños muy meritorios.

A la Olimpiada de Munich’72, que fue un momento de consagración del boxeo cubano, asistió como una de las grandes esperanzas. Pero tras salir airoso en tres combates, cayó en cuartos de finales en una polémica decisión de 3-2 ante el polaco ante Wieslaw Rudkows.

Su gran revancha vendría en el Primer Campeonato Mundial de Boxeo Amateur, celebrado en La Habana en agosto de 1974, y que estuvo nutrido de los púgiles de altísimo nivel en su división. Garbey ganó cinco peleas, la final extremadamente reñida por votación de 3-2 frente a su archirrival continental, el venezolano Alfredo Lemus.

Rolando Garbey en su etapa de entrenador. Foto: Fabebook/Comité Olímpico Cubano.

A Lemus volvería a derrotarlo en el camino hacia su tercera corona panamericana, el México’75.

Su brillante carrera entre las 12 cuerdas concluyó con el bronce olímpico de Montreal’76. Garbey entró con ímpetu a la competencia con el fin de agenciarse el único título que había resultado esquivo y ganó tres combates antes de caer por la medalla de plata ante el temible yugoslavo Tadija Kacar.

Ese año había sido de altas y bajas en los torneos nacionales e internacionales, con derrotas ante su eventual sustituto en el equipo nacional, el zurdo Luis Felipe Martínez. Y con 29 años Garbey decidió colgar los guantes.

Luego se desempeñaría por décadas y casi hasta el final de sus días como entrenador de la selección nacional y colaborador técnico en Angola, Argelia, Zimbabwe, México y Venezuela.

El apellido Garbey forma parte de una estirpe gloriosa en el deporte cubano. Su hermano Bárbaro Garbey era un estelar jugador de los equipos habaneros cuando decidió marcharse durante el éxodo del Mariel y firmar con la franquicia de los Tigres de Detroit, con los que ganaría la Serie Mundial de 1984; su hermana Marcia Garbey fue una relevante atleta en salto largo con innumerables medallas panamericanas y centroamericanas en su palmarés, y un cuarto lugar en la Olimpiada de Munich’72.

El sepelio de Rolando Garbey será el próximo miércoles. Para quienes lo vimos pelear y para el boxeo cubano su muerte es un golpe inmenso.

CATEGORÍAS
TAGS

COMENTARIOS