¿Un arañazo para Ricardo Alarcón?

De izquierda a derecha, Miguel Alvarez, el realizador Roberto Chile, Alarcon y un desconocido.

De izquierda a derecha, Miguel Alvarez, el realizador Roberto Chile, Alarcon y un desconocido.

Por Juan Reynaldo Sánchez*

Un nuevo destape de corrupción gubernamental en Cuba toca a las puertas de uno de los jerarcas amparados históricamente por Fidel Castro: Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y gurú de las relaciones con Estados Unidos.

Como ya es conocido, desde el pasado marzo fueron detenidos Miguel Alvarez Sánchez, ex oficial de la inteligencia cubana y mano derecha de Alarcón, y su esposa, la académica Mercedes Arce, también oficial de inteligencia.

Existen numerosos motivos para suponer que estas acciones van dirigidas a socavar el poder de Alarcón. En primer lugar, porque Alarcón, de 75 años, es un dirigente a la vieja usanza de Fidel Castro y porque en la Asamblea Nacional se mueven muchos intereses por detrás del telón como estados de opinión de los delegados, aprobaciones de resoluciones y acuerdos que son de interés muy personal de Raúl Castro, y que el veterano jefe del Parlamento pudiera estar obstaculizando con opiniones e ideas que no agradan del todo al actual gobernante y general de Ejército.

La lógica totalitaria

En segundo lugar, porque no hay razón -al menos evidente- para vincular a Miguel Alvarez con el caso de corrupción con que al parecer trata de inculparse a su compañera sentimental. Mercedes sí tenía la posibilidad de recibir comisiones y prebendas por sus relaciones con empresarios mexicanos con inversiones en la isla, no así Alvarez, quien a la sazón de los acontecimientos se desempeñaba como asesor principal de Alarcón en la Asamblea Nacional y, por tanto, no tenía acceso directo a recursos y comisiones.

Y, en última instancia, porque Raúl Castro necesita de un hombre estrictamente incondicional al frente del Parlamento para poder llevar adelante sus ideas y propósitos de conducción política, y presentarlos a su hermano enfermo como aportes y sugerencias de la mayoria de los diputados, dado que Fidel Castro es muy adicto a tener en cuenta el estado de opinión a la hora de tomar decisiones en ese órgano de gobierno.

Algunos pudieran pensar que no hay motivaciones de peso para fabricar un caso y desechar al viejo zorro de Alarcón, una pieza necesaria en la relación con Washington y en la batalla por el regreso de los cinco espías. Pero la lógica totalitaria funciona con un sentido de conciliábulos y círculos de extrema confianza, como las mafias.

Y si echamos un vistazo al mapa de la jerarquía política cubana desde que Raúl Castro asumió oficialmente el mando en febrero del 2008, es fácil advertir cómo las figuras -jóvenes y veteranas- asociadas al Comandante han ido cediendo ante el empuje de los hombres de confianza del hermano menor: Carlos Lage, Felipe Pérez Roque, Otto Rivero, Eduardo Bencomo Zurdos, Yadira García e incluso su confiable asistente personal, José Miyar Barruecos “Chomi” han quedado fuera del juego del poder en poco menos de tres años, mientras se afianza el patronato de viejos compañeros de la Sierra, generales y jóvenes militares de probada eficacia organizativa.

El móvil para una posible destitución de Alarcón pudiera ser Alvarez, quien está en capacidad de aportar datos sensibles sobre el presidente del Parlamento, cargo en el que se ha desempeñado por los últimos 19 años.

Lecciones del caso Ochoa-La Guardia

En los interrogatorios seguramente aportará informaciones sobre su jefe, cuyo expediente personal se engrosará con nuevos datos de interés. De todas formas, la decisión final la tendrá Raúl Castro si le presenta el expediente con suficientes evidencias como para poder argumentar el reemplazo del presidente de la Asamblea Nacional ante su hermano, quien aun en la senilidad sigue siendo el hacedor final de las grandes decisiones políticas.

Recordemos que en Cuba la ley se aplica por el interés que tenga el gobierno en cada caso específico, como sucedió en 1989 con el caso del ministro del Interior José Abrantes, condenado a 20 años de prisión por ser jefe inmediato de los hermanos Antonio y Patricio de la Guardia y demás oficiales enrolados en el tráfico de drogas. Sin embargo, Raúl Castro, que era por entonces el jefe directo del General Arnaldo Ochoa y otros altos oficiales de las Fuerzas Armadas envueltos en el mismo delito, no fue sustituido ni sancionado. Así son las cosas de familia.

Lo que está bien claro es que la detención del matrimonio Alvarez-Arce va a derivar en información sustancial sobre Alarcón y podría determinar su futuro político. En julio tendremos la próxima sesión plenaria de la Asamblea Nacional y será la ocasión oportuna para estudiar cómo andan realmente las relaciones entre Raúl Castro y Alarcón, sólo deteniéndonos en los pequeños detalles del lenguaje corporal desde el poder.

De lo que Miguel Alvarez pueda decir -o no decir- dependerá la suerte del hasta hoy intocable presidente del Parlamento cubano.

*Juan Reynaldo Sánchez fue escolta personal de Fidel Castro entre 1968 y 1994, con grados de teniente coronel. Fue destituido y cumplió prisión en Cuba. Logró abandonar la isla en el 2008 y actualmente reside en Miami. Tiene en preparación un libro sobre su experiencia en la seguridad personal del gobernante cubano.

CATEGORÍAS
TAGS

COMENTARIOS