Tony Oliva, una apuesta perdida por el Salón de la Fama

Tony Oliva

Tony Oliva

Tony Oliva parecía tener todo a su favor para convertirse este lunes en el quinto cubano que entra al Salón de la Fama del Béisbol de Grandes Ligas. Pero la injusticia volvió a gobernar su suerte.

Oliva recibió ocho votos del Comité de la Epoca de Oro (1947-72),  un magro 50 por ciento de los miembros y se quedó otra vez fuera de Cooperstown, el mismo destino adverso que también excluyó a sus compatriotas Orestes Miñoso, que obtuvo nueve votos, y Luis Tiant, apenas tres.

El único seleccionado fue el tercera base Ron Santo, ya fallecido, quien alcanzó 15 de los 16 votos en disputa.

De los tres cubanos envueltos en la votación, pensé que Oliva era el que tenía las mayores posibilidades de ganar esta vez. Así lo creían también otros peloteros que jugaron en el Big Show en el mismo tiempo que el pinareño, y reconocidos periodistas que acumulan referencias importantes acerca de este jugador, que causó sensación en los terrenos de pelota.

Los otros nacidos en la isla que aparecen en la lista de los más famosos son Martín Dihigo (1977), Atanasio (Tany) Pérez (2000), José de la Caridad Méndez, (2006) y Cristobal Torriente (2006).

La elección vía sufragio valoró a cuatro norteamericanos que se comportaron a la misma altura que los nuestros e incluso los enfrentaron en el terreno.

En tres y dos

“Sin discusión alguna Tony Oliva. Había que verlo batear. Una gran parte de sus conexiones eran una líneas sólidas como las que hoy dan los mejores bateadores de ambas Ligas”, cuenta Tony Taylor, uno de los dos mejores segunda base cubanos que pasaron por Grandes Ligas y que coincidió en tiempo con el vueltabajero.

Taylor estuvo 19 campañas como segunda base en Ligas Mayores (1958-1976), jugó en ambas Ligas y sus conocimientos acerca del tema son valiosísimos.

“Me has puesto en tres y dos, porque Tiant y Miñoso  también están bien cerca a la hora de escoger, pero lo de Oliva no tiene comparación; es el único jugador que de novato se llevó 2 champion bate consecutivamente y que obtuvo otra corona de bateo en un corto período”, explica Taylor.

Para Orlando Peña, un estelar tirador cubano que se mantuvo por 14 años en la Gran Carpa, Oliva le resulta un jugador excepcional.

“Me tocó lanzarle en infinidad de veces y no había forma de dominarlo”, relata Peña. “No ha existido otro cubano con tantas destrezas y tanta fuerza para pegarle a la pelota… No lo digo yo, lo repetían los lanzadores norteamericanos que estaban en el bullpen”.

En la Serie Mundial de 1965, Oliva fue el tercer bate fijo del Minnesotta contra los Dodgers de Los Angeles. En los Juegos de Estrellas, casi siempre lo pusieron de cuarto bate.

“Esos son méritos que no tienen muchos de los que están en el Salón de la Fama”, agrega Peña.

El mejor bateador cubano

Así lo describe el profesor e historiador Roberto González Echevarría en su antológico libro La Gloria de Cuba: “Era un zurdo alto y enjuto, bateaba con un estilo que recordaba a Stan Musial: enroscado, mirando al picher por sobre el hombro derecho y era capaz de producir lineas durísimas hacia cualquier ángulo. Entre sus predecesores, el único cubano capaz de rivalizar con Oliva era Miñoso, y el pinareño lo superó en todas las categorías importantes, incluida la defensiva, con la excepción del robo de bases y el carisma”.

Angel Torres, prestigioso cronista e historiador deportivo recientemente fallecido, dejó escrito su parecer acerca de Tony Oliva en La Leyenda del Béisbol Cubano: “Cuando se hable de los grandes bateadores zurdos naturales que han desfilado por las Grandes Ligas, hay que quitarse el sombrero ante el toletero de los Mellizos de Minnesota, quien desde hace tiempo debía estar en el Salón de la Fama de Cooperstown”.

En total, Oliva obtuvo tres títulos de bateo, encabezó la Liga Americana en cinco ocasiones pegando hits y cuatro veces en dobles, e integró el Equipo de Estrellas durante sus primeros ocho años en Grandes Ligas.

En 1971 se lesionó una rodilla mientras trataba de fildear un elevado, razón por la cual tuvo que pasar el resto de su carrera padeciendo y forzado a jugar como batador designado.

“Al final de su carrera de 15 años habiá logrado 329 dobles, 48 triples, 220 jonrones, 942 impulsadas y 304 de average. Ese excelente promedio pudo ser mayor, pero cinco operaciones en las rodillas le restó  poderío y velocidad”, describe Torres, quien  ponderaba las virtudes del recio toletero.

Haan Aaron, Brooks Robinson, Don Sutton, Billy Williams y Riner, miembros todos del Pabellón, estuvieron entre los encargados de la selección. Pedro “Tony” Oliva debió ascender al sitial que ellos le acaban de negar, vaya usted a saber las razones.

CATEGORÍAS

COMENTARIOS