La guayaba de cartón: la hora del garbanzo cubano

La nueva revelación agrícola pudiera resultar muy esperanzadora para la canasta familiar cubana: Cuba se convertirá pronto en uno de los grandes productores de garbanzos.

Esta semana la prensa oficial informó que el Ministerio de Agricultura tiene en marcha un programa especial para el cultivo de garbanzo a nivel nacional.

El artículo hizo notar el valor nutricional en proteínas de la popular leguminosa: 22.1 por ciento.

De acuerdo con un ingeniero “especialista en granos del Ministerio de la Agricultura”, Osvaldo Puig Triana, se están ultimando los detalles para que todas las provincias estén incorporadas, en mayor o menor escala, a la venidera campaña del garbanzo que se inicia en noviembre.

El artículo del diario Granma, escrito por el connotado especialista cañero (y ahora garbancero) Juan Varela Pérez, indica que la zona oriental es el motor impulsor del cultivo del garbanzo en el país. Las Tunas es el territorio que marcha a la cabeza con 700 hectáreas dedicadas al garbanceo, seguida por  Guantánamo (250).

¿Quién se lo podía imaginar? Las Tunas campeón nacional del garbanzo.

En el occidente y centro del país otras provincias quieren también garbancear: Mayabeque, Villa Clara, Cienfuegos y Sancti Spíritus tienen ya entre 100 y 150 hectáreas dedicadas al cultivo.

La furia cubana del garbanzo suma actualmente unas 1,300 hectáreas, pero el Ministerio de Agricultura confía en elevar a unas 1,700 hectáreas la superficie cultivada en la campaña que se prepara para los meses finales del año.

El rendimiento por hectárea está entre las 1.3 toneladas. De manera que los pronósticos inmediatos van bien con unas dos mil toneladas anuales de garbanzo.

La cosa va en serio, pues el Banco de Germoplasma del Instituto de Investigaciones Fundamentales de la Agricultura Tropical (INIFAT) dice haber evaluado más de 80 variedades de garbanzo de diferentes países productores tradicionales como México y España para seleccionar las más resistentes al clima de la isla.

El potaje del porvenir

“Dadas las condiciones favorables para su cultivo, la superficie que en Cuba se dedica al garbanzo va en ascenso, lo cual ya comienza a hacerse notar también en los mercados”, afirma el entusiasmado artículo del Granma.

Que se hace notar en los mercados no parece tan rotundo para los cubanos de a pie ni para las propias estadísticas oficiales. En el informe de la producción agrícola nacional del 2010 no aparece registrado el garbanzo y las leguminosas en general figuran con una caída del 21 por ciento con relación al año anterior. El reporte trimestral del 2011 (enero-marzo) tampoco menciona al garbanzo entre las principales producciones agrícolas, mientras que las ventas generales de granos se desplomaron en un 42 por ciento respecto al primer trimestre del 2009.

Así que la hora anunciada del garbanzo cubano es todavía una quimera gubernamental. Cierto es que se trata de un cultivo con costos de producción más bajos que otras leguminosas y granos, que es altamente proteico (la proteína, la proteína sigue siendo una obsesión para los cubanos), pero este cuento del proyecto agrícola salvador nos ha mordido demasiadas veces a los cubanos.

¿Recuerdan cuando íbamos a exportar carne en la década de los 60? ¿O la exportación de huevos producidos en el Combinado Avícola Nacional? ¿Y el plátano microject y la espirulina? ¿O el yogurt de búfala y la pasta de oca?

Por eso hay que esperar con paciencia y con descreimiento. Tal vez los cambios promovidos por Raúl Castro terminan por convertirnos en el primer productor mundial de garbanzos. Pero primero, antes de soñar con las apuestas del Granma y el Ministerio de Agricultura,  los garbanzos tienen que llegar a la mesa cubana.

Y, por supuesto, no olvidar de que con los garbanzos van otras cosas en el potaje.

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