Cuito Cuanavale, un cuarto de siglo de omisiones

La batalla de Cuito Cuanavale, considerada por la propaganda oficial cubana como el Girón angolano.

La batalla de Cuito Cuanavale, considerada por la propaganda oficial cubana como el Girón angolano.

Por Carlos Cabrera Pérez

Siempre tuvimos buenas relaciones con los soviéticos;
pero nunca una identificación total desde el punto de
vista combativo y, en Angola, esto se agudizó.

General de División Ulises Rosales del Toro
Jefe Estado Mayor (1981-1997)

Pese a la trascendencia geopolítica de su victoria en Cuito Cuanavale (sureste de Angola), la Cuba oficial está celebrando el acontecimiento histórico con un bajo perfil, reiterando la omisión del papel del fusilado General de División Arnaldo Ochoa Sánchez, y evitando lastimar a los comunistas soviéticos y al gobierno angolano por su irresponsabilidad compartida en aquellos acontecimientos.

Los testimonios de jefes, oficiales, soldados y un periodista coinciden en no mencionar a Ochoa, como viene ocurriendo desde el verano de 1989, pese a que uno de los testimoniante es el entonces Primer Sustituto del Jefe de la Misión Militar Cubana en Angola, Roberto Milián Vega, ya en retiro.

Usado por Fidel Castro

Aunque en esta ocasión, tampoco mencionan al General de Cuerpo de Ejército  Leopoldo Cintras Frías, quien fue usado entonces por Fidel Castro para aclarar que Ochoa no tenía nada que ver en aquello, porque al ver que tardaba en contestar sus mensajes sobre la colocación de las tropas al este del río Lomba decidió mandar a “Polito” como Jefe del Frente Sur.

Algo que es cierto, pero que ocurrió en paralelo como parte de un plan para establecer un nuevo frente Lubango-Cahama-Tchipa-Ruacaná, con el objetivo de entrar en Namibia y liquidar a las bases sudafricanas establecidas allí y que actuaban como punta de lanza contra Angola.

Las crónicas de recuento oficial tampoco mencionan al general Enrique Acevedo González, quien se desempeñó como Jefe de la elitista División 50 de las FAR y que junto al hoy General retirado Miguel Lorente León, al frente de la jefatura de la División de Infantería Motorizada y de cinco brigadas de angolanas, fueron los principales jefes cubanos en Cuito Cuanavale.

En 1986, Fidel Castro se desgañitaba intentando persuadir a los angolanos que no aceptaran la propuesta sudafricana, avalada por norteamericanos y soviéticos, de reducir el número de efectivos cubanos y recolocar a las tropas cubanas en una zona más alejada aún de la frontera con Namibia. Pero ni unos ni otros le hicieron caso.

Obsesiones megalomaníacas

Probablemente, una parte de su razonamiento estaba sustentada en su obsesión de jugar a país influyente en la arena internacional. Pero su razonamiento táctico, apoyado en los informes de Ochoa y otros jefes militares cubanos desplegados en el teatro de operaciones, era correcto; sobre todo, para la seguridad de los militares cubanos; en su mayoría jóvenes en cumplimiento de su Servicio Militar Obligatorio y para la propia seguridad de Angola.

Por si fuera poco, las FAPLA -ejército angolano- y las tropas soviéticas intentaron por dos veces lanzar un ataque final contra el cuartel general de la UNITA de Jonas Savimbi, en Jamba, pero antes tenían que cruzar el río Lomba y tomar el poblado de Mavinga. En ambos intentos fracasaron, a pesar de la reiterada discrepancia previa de los cubanos.

Fue tal la cantidad de bajas angolanas y soviéticas en ambos intentos de acabar con Savimbi que los soviéticos perdieron varios lanzacohetes SAMM 8 y tanques a manos de los sudafricanos. Y todas las fuentes reconocen que los soviéticos hablaban ya de guerra perdida, desmoralizando aún más a los angolanos.

El error de los ataques puso en duda incluso la capacidad del gobierno del MPLA de resistir el embate sudafricano. Y fue entonces cuando José Eduardo Dos Santos pidió auxilio a Fidel Castro, que no dudó un segundo en enviar a una División de Tropas Especiales, mandada por el General de Brigada Acevedo González, y al entonces coronel Miguel A. Lorente León, quien tomó la jefatura de la defensa de Cuito Cuanavale.

Oliendo el peligro

Como Ochoa estaba al tanto de todo esto y ya se había olido el peligro con antelación, propuso a su Estado Mayor en La Habana construir un aeropuerto en Menongue, provincia de Cuando Cubango, para posibilitar que los cazabombarderos Migs pudieran entrar en combate contra los sudafricanos sin tener que volver a Luanda a reabastecerse de combustible.

La construcción de este aeropuerto -como se demostró después- tuvo una importancia estratégica en la victoria de Cuito Cuanavale, donde los militares cubanos pudieron actuar de manera combinada con su artillería, infantería y aviación. Y los soviéticos no pusieron ni un metro cúbico de hormigón en este empeño.

Fracasados los intentos angolano-soviéticos de acabar con la UNITA, las tropas sudafricanas aprovecharon su distracción táctica para entrar en Angola desde Namibia e intentar consolidar su presencia en una amplia franja del sur de Angola, fruto de unas conversaciones secretas con Estados Unidos, en Cabo Verde -bajo mediación portuguesa y visto bueno de los soviéticos, que ya bastante tenían con la pesadilla de Afganistán.

Recuérdese que todo esto ocurre entre el otoño de 1987 y la primavera de 1988, es decir, al compás de la perestroika y la glasnost, que tanto enojaron a Fidel Castro y que no dudó en asumir todos los riesgos en solitario que implicaba parar a los sudafricanos y a la UNITA antes de que cruzaran el río Lomba, y hacerlos retroceder hasta Namibia.

Pese a que Cuba, Angola y Sudáfrica han abierto sus archivos militares a investigadores, en el caso de La Habana -preseleccionando a quien husmea- lo que no conocemos aún es el coste económico de aquella operación y sus consecuencias en una economía ya herida de muerte.

Lo que no se sabe

El gobierno cubano cifró en 22  los militares muertos en Cuito Cuanavale y ha reconocido que perdió cuatro tanques y un avión, pero nunca ha desvelado el coste total en dinero. Recuérdese la insistencia jesuítica de Fidel Castro en sus telegramas cifrados a Ochoa pidiéndole que trasladara la 59 Brigada al este y que minara todo el territorio al oeste del río.

Por todo ello, sorprende que habiendo pasado ya un cuarto de siglo, La Habana no haya aprovechado el aniversario para explicar su decisiva contribución a la consolidación del MPLA como partido de Estado en Angola, a la independencia de Namibia y la liquidación del injusto apartheid, y a la llegada al poder de Nelson Mandela, en Sudáfrica. Méritos que reconocen incluso diplomáticos y funcionarios gubernamentales norteamericanos de aquella época, aunque todo este viraje político no fue únicamente por el papel de Cuba, sino por el agotamiento del modelo de supremacía blanca en Sudáfrica y Namibia, el compromiso de los angolanos de abandonar el marxismo-leninismo sin hacer ruido, y el acuerdo de Moscú y Washington para acabar con la Guerra Fría.

Como casi siempre, a los cubanos -incluidos sus jefes militares- les tocó la peor parte. Además de poner muertos, siguen siendo pobres mientras la hija de Dos Santos es la mujer más rica de África sin haber cumplido los 40 años, según la revista Forbes. Ya sabíamos que las tropas cubanas no actuaban en Angola por dinero, pero si alguien comparara las jubilaciones de Lorente y Milián con las de sus entonces enemigos sudafricanos, los cubanos salen perdiendo ampliamente.

Y no es justo. Aunque ellos y muchos otros que se jugaron la vida sigan siendo fieles al castrismo hasta que mueran y continúen asistiendo disciplinadamente a las reuniones del Partido Comunista, mientras esperan porque el compañero Ministro les autorice a cambiar la carrocería de su entrañable Lada made in URSS.

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